lunes, 11 de agosto de 2014

Capítulo 2 | El Buffet

Otra de mis habituales mañanas había comenzado, Babs estaba en su jaula y el desayuno que preparé anoche estaba en la mesa. El poco tiempo que mantenía se podía ver también en las ventanas, las persianas estaban levantadas para ahorrar tiempo en mañanas como ésta.
Me vestí de traje, hoy tenía una importante reunión con un tal hombre que se hace llamar Andrew Clapton, y era sin duda de esos hombres extraordinariamente atractivos.
Al llegar y sentarme, después de dejar escapar mi autobus a pesar de los arreglos de la noche anterior, pude comprobar que era el más jóven de los que nos encontrabamos, conjunto una chica.

Por razones que desconozco, aquello que llevaba meses atormentandome volvía a aparecer. Un leve dolor de cabeza se arrastraba con ello, traté de disimularlo, lo que conseguí con una caricia en mi pelo. Tras estúpidas acusaciones de no hacer bien mi trabajo, salí de la reunión preocupado, con más de tres pedidos por hacer, cuando la muchacha se me acercó.

Disculpa.. -Comenzó a decir-

Tenía un cabello realmente precioso, después de una relación de cuatro años hasta yo me sorprendía al pensar en algo como eso.

"¿Tienes.. tus apuntes de arquitectura? De cuando estudiaste, me refiero.."

Aquello era algo que nunca había podido tolerar, además de ser demasiado joven como para llegar a pensar en algo como ella, me estaba pidiendo algo que me era imposible de prestar. Incluso la muchacha debía de ser muy poco lista después de acudir a un buffet de malas opiniones sobre mí.

Lo siento, no puedo darte eso, es.. bueno.. -Respondí atragantándome con las palabras-

No te preocupes. -Se dió media vuelta y como no, se acercó al atractivo e indiscutible "Andrew Clapton"-

Le comenzaba a tener asco, además de saber cómo dejarme de trabajo hasta arriba, me había robado a la chica con la que por un solo segundo pensé en algo más.
Me dirigí al ascensor, con la extraña sensación de que el tormento podría volver a ocurrir, pero no fue así.
Por que si así hubiese ocurrido, ya estaría dejando mis recuerdos en los recuerdos de otra persona, pero no había nadie a mi lado.

Llegando al autobus ya corriendo con prisa recordé que le debía un dólar a la camarera de un restaurante que se encontraba justo al lado. Al llegar a la puerta pude observar que ya estaba cerrado, y que posiblemente no volvería verla, por que podría estar muerta.

1 | Carta de amor

Querida Robacorazones..
Así es como te llamaba ¿Recuerdas? Por que tu robaste el mío al mirarme aquel día de instituto. ¿Es que no te lo pensaste ni dos veces? ¿Las otras chicas no tendrían otra oportunidad?
"Jamás la volverán a tener" Recuerdo cuando me lo decías, y ahora tenemos treinta y tres años, vivimos juntos y yo estoy de viaje de trabajo. Deseando volver a verte..

No sé cómo decirte esto..
Es posible que no vuelva a casa, he encontrado una mujer que no creas que te supera pero.. tiene algo que tú no tienes.. Ella tiene aquello de siempre busqué y que en ti eché en falta, tiene un cabello increíble y unos ojos que realmente enamoran. Su sonrisa muestra nada más que la pura felicidad, y su personalidad en ocasiones me resulta familiar. Quizás es por el tiempo que pasé contigo, por los momentos que vivimos o.. quién sabe, por los remordimientos que sufrimos. El caso es que.. he encontrado el verdadero amor. El amor más grande que puedes llegar a tener por alguien, el amor de un hijo.

Encontré a nuestra hija, aquella que dimos en adopción a los diecinueve, por la que ahora no puedo más que sonreir, por la que no puedo más que reír, y es que cuando me cuenta sus pequeñas historias de instituto me recuerda tanto a tí..

 Lo siento pero te mentí, no era un viaje de trabajo, era un viaje de encuentro. Sabría que si te lo diría contestarías.. "Ni se te ocurra" Que es lo que dices siempre que crees que me estoy equivocando en una decisión, pero ya ves que no.

Prepara la maleta, te vienes de viaje conmigo, porque tu hija tiene mucho que contarte y muchas ganas de enfrentarse al mismo miedo que tú, la distancia.

Capitulo 1 | El comienzo

Por alguna extraña razón, salir de casa a alta horas de la madrugada, ya no me molestaba.
Me había hecho adicto al exquicito olor de la panadería, al café recién hecho y a las rebanadas de pan con mermelada que la gente en la calle tomaba a toda prisa.
Mi estudio no se encuentra muy lejos del centro de la ciudad de Nueva York, puedo ir andando si así lo prefiero, aunque quizás alguna vez me viese obligado a coger el autobus, los vagabundos son de esas cosas en las que no me importa perder algún dólar de mi sueldo.

Tiene una entrada poco similar, una puerta de madera pintada de color blanco, con algunos dibujos hechos por gamberros que aún no tengo el placer de conocer. Tener veinticinco años ya es una responsabilidad, sobretodo al marchar de Irlanda.. echo de menos aquellas tierras. Sin embargo, no dudo cada día en reunir el dinero que me sobra del almuerzo para visitarlas. Suelo salir a las tres de la tarde, soy arquitecto en una empresa que hasta ahora no es muy conocida, pero me alegra tener el suficiente dinero para llevar acabo las tareas de mi piso, el cuál comparto con mi querido "Babs", un pájaro poco común que viejos amigos me regalaron por navidad, y siendo ya verano y que aún esté vivo, es un milagro. No suelen durarme mucho las mascotas, el estrés de saber que tengo que realizar un dibujo arquitectónico para cinco días después de que me lo pidan me deja sin tiempo.

Siempre fui de buenas notas en el instituto, sin contar las veces que me encerraban en los baños por no querer compartir mis apuntes. Los profesores me adoraban, sin tener en cuenta el de gimnasia, que parecía que me odiara. Fui un niño de mucha suerte, por así llamarla.. Mis padres no eran precisamente de pocos lujos, muchos me envidiaban en el colegio por esto, pero mis padres se separaron hace tiempo, cuando yo solo era un niño. Lo único por lo que se acercan el uno al otro es por negocios.

Siendo jóvenes tuvieron el sueño de crear una empresa de sombreros y gabinas de telefono antiguas, soy de esas pocas personas que pueden presumir de tener una vieja gabina de Londres en su salón. Respecto a los sombreros.. solo se venden para perros, mi madre tiene un gran cariño por estos animales, a los que yo soy alérgico. Mi padre vive en Irlanda vendiendo estas gabinas, con su propia empresa, ganando un dinero con el que se puede permitir vivir en una casa de cinco pisos con sus escaleras de mármol y sus grandes y cómodos sillones de lujo. Mi madre, vive en Nueva York, es mi único familiar cercano. Vende estos sombreros en una lujosa tienda a la que puso el nombre de "Doghat". El color que viste su tienda es el amarillo, con tonos rosados en cada esquina. Solo visité su tienda una vez, fue la segunda vez que me llevaron al hospital por la alérgia, contando aquella vez que mi tío Stephen me regaló un perro por mi cumpleaños, no tenía ni idea siquiera de cuando era mi cumpleaños, porque sin duda se equivocó de fecha.

Nací un 26 de Abril en el viejo hospital de Irlanda "Bon Secours" un hospital privado en el que también nació el resto de mi familia. Mi nombre es Trevor, Trevor O' Connell y mantengo una promesa que me es difícil mantener, mantengo un secreto que me intenta someter.